Ya hace tres años que Raquel y su familia viven aquí, pero todavía no siente que su casa esté acabada. ¿Será porque ella decidió que no entraría en ella nada de lo que no estuviera totalmente enamorada? Será por eso que cada pieza y cada rincón tienen su historia. Así fue su aventura al empezar la reforma: “Hicimos catas en el techo soñando con que salieran las antiguas vigas y entonces llegó la gran sorpresa: aparecieron vigas pero también las típicas bóvedas catalanas y hasta un volta”. 

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